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Había olvidado lo que es suspirar al pensar en alguien mas | | Sulpicia

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Había olvidado lo que es suspirar al pensar en alguien mas | | Sulpicia

Mensaje por Aro Vulturi el Jue Feb 07, 2013 7:49 pm

Una noche fría, como cualquier otra, llena de fragancias y fuertes emociones. Danzaban en la calle las premoniciones, las desesperanzas y las frías acciones. A lo lejos podía escuchar el llano de un niño, quizá olvidado en las eternas calles de Volterra después de aquel acto de vandalismo, lo oía llamar a su madre en un idioma extranjero. El Vulturi sonrió, amaba los extranjeros, más cuando nadie notaba su ausencia hasta que era demasiado tarde para buscarlo siquiera. Los vientos traían consigo mucho más que llantos, eran las sensaciones de paz lo que sus cabellos hacían oscilar con sigilo. La luz hacía un rato se había extinguido tras el horizonte y con ello la huída de los humanos que dormían temprano. Pero, allá, en los bares aún estaban los que buscaban la muerte, aunque solo fuese en el alcohol. Con esa sangre espesa, delicada, suave, refrescantemente tibia, cálida, llena de brumoso esplendor delicioso a su experto paladar; con las hormonas delirantes acompañadas de la adrenalina del momento. Oh, como le encantaba esa sensación, el momento exacto en que acariciaba sus finos rostros, qué maravillosas pieles cuyo aroma atraía al depredador más fuerte. Dulce elixir de vida que se propagaba en su garganta. Uhmmm, lo amaba, ahora se le hacía agua la boca mientras escuchaba el llando del chiquillo.

La profundidad de la oscuridad se instalaba en sus pétreos rasgos, prontamente transladó su mirada insondable en el punto exacto donde el pequeño extranjero lloriqueaba. "¿Qué nadie se hará cargo de él?" cuestionó sintiendo repulsión por los humanos que dejaban a la deriva aquella carne fresca. La sonrisa de perversidad le acogió y de pronto un efluvio inundó sus pulmones con una apremio casi delirante. Ahh, cuanto anhelaba ese perfume, hacía dos semanas que se había alejado de su amado castillo para tener una aventura con su cuerpo joven, nuevo e inmortal, lejos de todo. Y lejos, evidentemente, de su querida y muy amada esposa, Sulpicia. Su reina.

Recostó su alto y fornido cuerpo contra el muro, apoyando su cabeza contra el para mirar a la lejanía mientras escuchaba los pasos triunfantes y casi fantasmales de la Vulturi. La esperaba con tal ansia, emoción y delicado amor. Se mentiría al decir que no la extraño, porque ciertamente lo había hecho. Y ahora, deseaba estrecharla entre sus fuertes brazos y darle un apasionado beso. Quizá hasta se permitiría hacerlo. En las últimas décadas, incluso con ella había llegado a ser frío, distante. No obstante, hoy con su cuerpo rejuvenecido se dejaría de frialdades con la mujer de su existir y comenzaría a ser el extravagante hombre que un día la conquistó con su acento italiano, ademanes caballerescos, sonrisas cargadas de picardía y palabras de un amor verdadero.

-¿Qué pasa, il mio amato?- inquirió.

Con rapidez, la misma que un neófito, se acercó a ella, le rodeó la cintura con el brazo y la atrajo hacia sí depositando en sus frío labios un casto beso, acto seguido soltó una risita por su expresión y se alejó un pequeño paso.

-Mi sei mancato, il mio amore- susurró con su oscura mirada penetrante puesta en ella.


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Re: Había olvidado lo que es suspirar al pensar en alguien mas | | Sulpicia

Mensaje por Sulpicia Vulturi el Sáb Feb 09, 2013 1:27 am

Me encontraba encerrada en el palacio como siempre, en mi habitación en compañía de mi mejor amigo, mi piano y mi único acompañante, si así era, el acompañaba mis noches cuando mi flamante esposo estaba ocupándose de la familia o el resto de niñatos rebeldes que ponían en peligro el secreto de nuestra naturaleza. El pensamiento me hizo enojar de repente, aunque debería estar acostumbrada, no me agradaba la idea de que mi marido prestase más atención a otros que a mi, y quizás no me molestaría tanto si no me doliera, a veces me sentía desplazada.

-Debo salir de estas cuatro paredes- pronuncié para mi misma y giré sobre mis talones para quedar frente a mi armario, tomé un sexy vestido color blanco, muy corto lo suficiente como cazar varias presas el día de hoy por mi misma, lo deje sobre la enorme cama que utilizaba muy poco y entre a mi baño, si cosas triviales que quizás un vampiro no necesitaba, pero me gustaba conservar algunas cosas de mi humanidad. El baño de burbujas, fresias y canela duró tanto como para lograr dar algo de calor a mi piel, no mucho a decir verdad, salí de la bañera y me coloqué crema y perfumes para luego salir y vestirme, acompañé mi vestido con tacones de color rojo y finalmente coloqué una capa de brillo a mis labios.

Al otro lado de la puerta se escuchó un leve golpeteo, respiré para tener una idea de quien podría ser, era Chelsea, una de las chicas a las que veía como mi hija. -Pasa Cariño- dije lo suficientemente alto para que solo ella escuchara.

-Madre, ¿Saldrás a algún lado?, estás radiante- Le sonreí mientras terminaba de colocar mi capa y mi medallon con la V de vulturi por supuesto. -Los bocadillos que Heidi trae, están volviéndose algo aburridos, voy a buscar algo de comer, y ver si con algo de suerte consigo a mi esposo- comenté y le lancé una mirada de advertencia al saber que iba a decirme algo reprobatorio.

-Estaré bien- la tranquilicé y salté por la ventana de mi habitación, no tenia ganas de ver a nadie más, una ves que mis pies tocaron el suelo comencé a correr a toda velocidad por el bosque, a decir verdad por el borde de la ciudad. Cuando estuve totalmente cerca de la plaza, quité mi capa y la dejé en un árbol, acomodé mi cabello y me incorporé al resto de los habitantes, algunos me veían con ese gesto de pánico en sus rostros, y otros casi colocaban una alfombra por donde pasaba, me gustaba eso, era divertido ver el control que se podía ejercer con solo una mirada, a demás que me encontraba en un completo frenesí, me sentía como en una perfumería gigante y estaba debatiendo cual llevarme, el elegido fue un joven, tendría 19 años cuando mucho, comenzó a seguirme hasta un callejón bastante alejado de todo, pero no le di tiempo a coquetear siquiera lo acorralé y con rapidez mis dientes encajaron en su cuello, deje que ese delicioso elixir bañara mi garganta hasta que se agotó, tomé el cuerpo y me escabullí hasta el bosque, me dediqué a rasgarlo para pretender que fue atacado por un animal y lo dejé allí, pues un aroma destacó entre todos los que llegaban a mi, uno por el que recorrería el mundo entero sin dudar, limpie los restos de sangre en mi y comencé mi camino siguiendo el aroma de mi amado, de Aro Vulturi.

Cuando finalmente lo vi estaba apoyado contra un muro y veia en la dirección en la que venia, oh si, claro que me habia sentido, caminé hasta el y murmuré un simple -Hola- pero con el cariño de siempre impregnado en mi voz. Me sorprendió la forma en que me recibió como nuestros primeros años de matrimonio, me tomó en sus brazos y me dió un beso al cual gustosa respondí, pero no por ello pude evitar la sorpresa en mi rostro.

-Tambien te eh extrañado- solo eso susurré y acorté la distancia, siendo esta ves yo la que se comportara como una adolescente, tomé las solapas de su camisa y lo acerqué a mi para regalarle un beso un tanto más pasional el cual culminé mordiendo su labio inferior con suavidad. -Mucho- dije al retirarme y sonrei con picardia.




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Re: Había olvidado lo que es suspirar al pensar en alguien mas | | Sulpicia

Mensaje por Aro Vulturi el Dom Feb 10, 2013 12:52 pm

Pasaba de las tres de la mañana. Hacía unos minutos había escuchado los relojes marcando la hora de las brujas. Amaba esa hora en que contaban las antiguas leyendas, —en las que incluso el Vulturi había tenido presente en muchas décadas de su vida—, era el momento en que el límite entre lo real y lo sobrenatural se encontraba difuminado, permitiéndo así que aquellas almas malévolas circularan por el mundo sin restricción alguna. El Vulturi, las había creído, las había edificado y después desterró con una risotada cargada de esceptisismo. Pero quizá, siempre si eran ciertos esos mitos una realidad, después de todo, era la hora en que el gran señor Aro prefería salir a cazar. Oh, cómo amaba esa condición inmortal. La cálida sangre derramándose gloriosa por su garganta y su fuerza circulando por sus venas acrecentando sus sentidos y perpetuando su don. Todo ello para él era un gran deleite. Desde el momento en que elegía a su víctima. Siempre eran hombres y mujeres de gran hermosura, ya que ellos mantenían la expectativa de su muerte, que no era para nada desperdiciada por el Vulturi, él creía fervientemente que su existir era donado a un ser extraordinario. Nada menos alejado de la realidad.

Había una cosa que amaba mucho más que tocar un cálido cuello robando los recuerdos de un humano al que sus pupilas encantó para después de tranquilizar sus propias ansias hincara sus poderosos colmillos y sorbiera delicados y tortuosos tragos del elixir de vida; y eso era rodearse de a quien verdaderamente amaba. Y como se dice, "en difinitiva, aquellos a quien uno ama no son otra cosa que..., aquellos a quienes uno ama". Sencillo predicamente el suyo. Y ¿quién podría ser la persona a quién el líder Vulturi amaba más que el hecho de beber? Pues nada más y nada menos que su hermosa esposa, a quien, cabe decir que la había tomado por sorpresa ante tal arrebato que ya no se permitía tener hoy en día.

Aro sonrió marcando esa tenue línea en sus labios. Evidentemente ya no poseía su físico de antes, pero sus ademanes y gestos eran exactamente lo mismos y parecían trascender incluso en su cuerpo. Además no podría deshacerse de aquello que le caracterizaba, había tenido un mundo de transformaciones entero para desarrollar sus perpetuos gestos señoriales. Aún con ello, siempre resultaban extravagantes en su nuevo físico, y no es porque eso le importase, más bien le era divertido.

Por un momento se sintió culpable por dejar tanto tiempo a su amada esposa. No es porque se sintiera cansado de ella, nunca podría sentirse así. Pero eran los siglos los que lo acorralaban en su castillo -que está de más decir que lo amaba de igual forma- y lo dejaban sumido en la monotonía. Siempre tras sus paredes mientras su guardia se encargaba de ir a distintas misiones. Recordaba con bastante melancolía que él en un tiempo muy atrás eran quien señalaba descaradamente a quien liquidar, es decir, eran quien fungía de inquisidor trabando la mirada con el traidor. Casi sonreía al verlos suplicar por su vida mortal y su sonrísa sí que aparecía tan cínica cuando se lamentaba la muerte de sus "hermanos. Pero, ¿qué otra podía hacer? Las reglas están hechas para cumplirse. Aunque esa no es la cuestión hoy, sino el que abandonaba a su esposa por culpa de esa aburrición. Además ahora podía redimirse con ella mientras le expresaba lo obvio para ambos. Se extrañaban y ahora era el momento de hacer que ese sentimiento se fuera.

Soltó una risita al sentir las manos firmes de su esposa cerrarse sobre la tela suave de su camisa. Obedeció sus sentidos y se dejó guiar. Se inclinó y correspondió a su beso al tiempo que una sonrisa surcaba sus labios y su brazo se enrollaba en su cintura acorralando su diminuto cuerpo estético y gracil entre sus brazos. Era sumamente sensual aquella vampira a la que había elegido mucho más que un compromiso. A ella no la había elegido como lo había hecho con Athenadora y Caius. Amor entre ellos no existía, eran los lazos creados por su "hija" Chelsea. A diferencia de Sulpicia y Aro, ellos sí que habían fomentado su amor. De eso, él estaba completamente seguro.

—Uhmm— murmuró pegándola a su cuerpo —entonces, deberé ausentarme más seguido— besó su mejilla e inhaló su delicado aroma, adora como ese toque ligero del jazmín y la esencia fría del hielo se yuxtaponen para adornar su piel.

Elevó su mano y tocó su cuello, como si pudiera ser una posible víctima. No lo era y eso lo enloquecía aún más. Ladeó su rostro y depositó otro beso en sus sensuales labios rojos. —Y dígame señora Vulturi, ¿qué ha extrañado?— elevó una ceja con una mirada pícara que enmarcar con sus oscuras pestañas. Remedó su gesto mordiendo su labio mientras baja su mano por su espalda baja.



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Re: Había olvidado lo que es suspirar al pensar en alguien mas | | Sulpicia

Mensaje por Sulpicia Vulturi el Lun Feb 11, 2013 6:02 pm

No había nada mejor en ese momento para mi, estaba junto a mi esposo, mi rey y la única persona que amaba más que a mi misma, los días de soledad y añoranza parecían desaparecer con cada roce de nuestros labios, para mi aquellos besos eran mejor que beber sangre incluso, era lo único que calmaba mi mal humor, lo único que mejoraba mi día y algo por lo que ardería en el mismo fuego por conseguirlo si fuera necesario.

-No creo que eso sea necesario mi amor- dije al escuchar su comentario que ciertamente me causó gracia, aunque eso se esfumó de mis pensamientos al sentir la cercanía de nuestros cuerpos, ladee mi rostro para darle un mayor acceso a mi cuello, sabia lo mucho que le gustaba y los efectos que causaba en el. Correspondí a su beso deslizando una de mis manos de la tela de su camisa al cabello en su nuca y las enredé allí mientras mis labios se movían al compás de los suyos en una danza sincronizada. -Pues sr Vulturi, dígame usted porque podría durar mil años con la lista de las cosas que eh extrañado, pero estoy segura que usted sería más rápido- dije y moví mi mano frente a su rostro para que el mismo leyera en mis pensamientos cuanto y que había extrañado exactamente, cuando finalmente tomó mi mano estaba segura que vería mis interminables horas en el piano imaginando su voz, su sonrisa, sus manos, su cuerpo, las interminables fantasías poco apropiadas para una señora que había tenido en su ausencia, todo aquello se lo mostraba sin tabu sin penas ni pudor, queria que supiera que extrañaba todo lo que abarcaba el ser que respondia por el nombre de Aro Vulturi.




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Re: Había olvidado lo que es suspirar al pensar en alguien mas | | Sulpicia

Mensaje por Aro Vulturi el Dom Feb 24, 2013 2:42 pm

Estaban esas sensaciones que hinchaban su orgullo. Le sarisfacían, porque lo elevaban entre esas volutas de ilusión que hacía décadas no le hacían sentir tan joven, fresco y despreocupado. Y no es que ahora no se preocupara por nada en absoluto, puesto que tenía a su esposa como principal fuente de preocupación cuando se hallaba lejos y más aún tratándose con el hecho de que las amenazas estaban a la orden del día. Cada momento era un instante de peligro, por ende las misiones eran más veloces y cortas en tiempo, para tener a su guardia reunida, a la medida de lo posible, en su amado castillo de Volterra. La acogedora madre y cuna de los vampiros. Era sin duda, su mayor orgullo. Por ello mantenía a su "familia" en el, la mayor parte del tiempo, para que tuvieran las fuerzas necesarias en cualquier momento. Aunque, claro esta que esta era un preocupación infundada, porque, ¿quién se alzaría contra los legendarios Vulturi?

Oh, pero este no era el tema de este día, sino el hecho de que volvía a la vida ese hombre que pasaba por una estatua empotrada en su encantador trono. Sí, volvía a la vida como un guerrero espía de sus propias leyes y esta noche como un amante de la luna misma que se mostraba esplendorosa en la forma de una dama con piel de porcelana cuyos ojos cual rubies encantaban al amante vampiro. Sus castaños cabellos se derramaban por sus hombros como halos de chocolate dulce como sus pétalos de rosa roja que tenía por labios esa hermosa diosa nocturna.

El Vulturi sonrió mientras se alimentaba del aliento de su esposa. Deslizaba su lengua al interior de su boca con apremio para sentir la tibieza de su lengua que jugueteaba. Amaba esa sensación electrizante que corría por su cuerpo cuando sus lenguas se encontraban. Pudo seguir con ese gratificante beso que sacudía todas sus terminaciones nerviosas, que le llenaban de agilidad mental y le dotaban de emociones pasionales.

Se alejó de ella, apenas unos centímetros, y con gesto triunfante "observó" cada detalle que su mujer le enseñaba. Cosas que sin duda enardecían al Vulturi y dejaron grabado en su rostro una sonrisa de entera satisfacción. Como si pudiera ser poco encendían la llamarada de aquello que quería hacer, sus fantasías que compartía con Sulpicia y que solo con ella era capaz de llevarlas a cabo. No por nada llevaban tantos siglos juntos, aunque de vez en vez la monotonía entraba en su larga existencia, siempre superaban esas barreras con un incremento de pasión juguetería.

Río, tomó su mano y la besó dejándose llevar por su exquisito aroma con ese toque sensual de la sangre humana que acaba de adquirir. La estrechó aún más a su cuerpo y volvió a besarla con urgencia; acto seguido se inclinó y la tomó entre sus brazos, tal cuál lo hacen los recién casados y que muchas veces había hecho él cuando ella no daba señales de querer alejarse de su piano.

—¿Qué van a decir sus hijos de tales pensamientos, mi amada señora?— murmuró dándo un tirón juguetón a su labio inferior que había adoptado un color más rojizo a causa de los besos —aunque, aquí entre nos— hundió su rostro en su níveo cuello, depositó un beso ronroneante y un delicado mordisco que apenas y tocó su firme piel de granito —son exactamente los mismos que he tenido, ¿será que pueda hacerme una demostración de ello?— rió y pasó su fría lengua por su piel.

Sí, en efecto amaba los reencuentros con su esposa...


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Re: Había olvidado lo que es suspirar al pensar en alguien mas | | Sulpicia

Mensaje por Sulpicia Vulturi el Jue Feb 28, 2013 3:54 pm

La sonrisa en mi rostro era real, no fingida como muchas veces me tocaba hacer, no, esa sonrisa era genuina, y provocada por el ser que más amaba en el mundo, incluso más que a mi misma y eso ya era decir demasiado dado a que si dicen que la reina es una mujer egocéntrica no era por nada, pero en ese momento cada partícula de mi cuerpo cosquilleaba y se encendía por mi esposo.
Ame como se iluminó su rostro al "ver" todo lo que había hecho y pensado en su ausencia, pero lo que realmente me tomó por sorpresa fue su reacción, le correspondí el beso con pasión, y necesidad incluso, mientras mi lengua rosaba la suya, acaricié su frió rostro con una de mis manos. Cuando sentí mis pies despegarse del suelo pegué un gritito ahogado por la sorpresa y reí entre besos.

-Mis disculpas señor, pero no me preocupa en absoluto aquello una esposa siempre tiene derecho de fantasear con su esposo cuando el no está- murmuré en tono divertido mientras exparcia algunos besos en su cuello, me estremecí al sentirle corresponderme -Estaría más que encantada de aquello, ¿quien soy yo para privarle de ello?- reí un poco mordí con suavidad la linea de su mandíbula. -Ahora bien, ¿quiere ir a casa, o prefiere algun lugar más privado?-




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